La Agenda Política y el Progresismo Radical

June 16, 2020

 

Vivimos tiempos complejos donde todo lo que se diga y haga, especialmente a través de las redes sociales, puede ser manipulado para fines políticos y/o comerciales. La ideología progresista se ha introducido gradualmente en la sociedad y donde esto resulta más evidente es en el cine y la televisión, pero el problema no es el movimiento en sí mismo, sino la manera como opera y quienes se cuelgan de ello para sus propios fines.

 

Este es un tema complejo y que quizás muchos hayan observado durante en los últimos años, pero tal vez no todos han tomado el peso real de este fenómeno sociocultural. El movimiento progresista se viene gestando desde hace varias décadas, comenzando con la revolución Hippie en EE.UU. en los años 60’ donde una generación completa de jóvenes se revelaron contra los convencionalismos de la cultura estadounidense, promoviendo el amor libre, la libertad individual y el rechazo a la guerra.

 

En medio de esta turbulenta década, también surgieron otros movimientos que alimentaron la corriente de lo que posteriormente seria el progresismo, como por ejemplo, la segunda ola feminista que habia venido tomando fuerza tras la segunda guerra mundial, con su figura emblemática de “Rosie la remachadora”, y que se extendió hasta comienzos de los años 90’. Paralelamente tambien surgió el activismo de la comunidad Gay, detonado por los disturbios de Stonewall en Nueva York y las revueltas de San Francisco, sin olvidar la lucha por los derechos civiles de la población afroamericana, cuyo punto de inflexión fue el asesinato de Martin Luther King en 1968.

 

Todos estos movimientos sociales confluyeron a comienzos de los 70’ en Estados Unidos, extendiéndose a Europa y Latinoamérica al amparo del neoliberalismo, cuyo foco principal radica en el modelo capitalista que prosperó en los años ochenta, tomando el control de la agenda valórica de la sociedad en general y adoptando los gritos de lucha de estos movimientos como un falso estandarte en la sociedad postmoderna. De esta forma, la igualdad de género, el derrumbamiento del patriarcado y la lucha por las libertades individuales se volvió un tema político y económico más que social.

Paralelamente a la lucha por legalizar temas como el aborto, el matrimonio igualitario o la integración de los pueblos originarios, en los medios de comunicación se llevaban a cabo una pelea similar por incluir temas que representaran a la gran diversidad de la población, lo que muchas veces chocaba con la visión de sectores ultraconservadores o de derecha, que pretendían mantener un perfil sesgado de la sociedad, a imagen de la elite blanca de grandes ingresos.

 

Asi llegamos al siglo XXI donde se produjo el alzamiento del “progresismo extremo”, en la mayoría de los países donde imperaba el neoliberalismo… una radicalización de los movimientos sociales de los 60’ y que en gran medida ha sido incrementado por la masificación de las redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram. La ideología de género impulsada por la tercera ola del feminismo, la diversidad racial y del colectivo LGBT, además de la integración de clases, han sido los puntos fuertes de este movimiento que se han visto reflejados en medios como el cine, la televisión y la literatura contemporánea… Y es a partir de este punto es donde surge un problema, ¿Hasta qué punto las expresiones artísticas son influenciadas por las presiones sociales del momento?

 

En ningún caso se pretende insinuar que la inclusión de estos temas es algo negativo en si mismo o que no debería suceder, sino todo lo contrario. Es bastante refrescante poder ver la diversidad de nuestra sociedad representada en los medios, algo por lo que muchos lucharon y la mayoría esperó toda su vida para poder presenciar. El aspecto negativo se refiere a la “politización” de estos criterios que en la mayoría de los casos, son utilizados para servir a una agenda que nada tiene que ver con la reivindicación de los derechos sociales, sino a una campaña comercial que pretende reducir dichos movimientos a un producto de comida rápida.

 

Si se observa con detenimiento las series y películas producidas durante la última década, la inclusión de personajes de color; pertenecientes a minorías sexuales o la presencia de roles protagónicos femeninos resultan en muchos casos, un poco forzado, sin responder a las necesidades narrativas dentro de una historia sino que pareciera se usan únicamente para completar una nómina y atraer a dichos segmentos de la población.

 

En la historia del cine ha habido varios personajes femeninos influyentes, que tenian muchos elementos de lo que se consideraba una mujer fuerte y luchadora en esa época. Estas se consideran mujeres empoderadas no por anunciarlo a toda voz, sino porque la historia estaba contada de tal forma que se podía ver a través de sus acciones que así lo eran. Esa forma de narrativa tan excepcional en los relatos de antaño, que nos regaló historias inolvidables y que ahora forman parte de la cultura popular gracias a sus personajes creados a partir de arquetipos universales, prácticamente ha sido olvidada por completo, y aquellas representaciones icónicas ahora no son mas que una especie de figura incluida en la “caja feliz” del entretenimiento plástico.

 

Atrás quedaron esas joyas del séptimo arte o de la televisión que enaltecían los personajes sin importar su genero o raza, cumpliendo así su propósito de narrar una buena historia. Fueron reemplazadas por productos basura que solo pretenden vender un modelo plastificado de iconos sociales como Malcom X, Harvey Milk o Rosa Parks. Ahora tenemos a caricaturas feministas apaleando falsos representantes del patriarcado, sin una pizca de valor agregado y carentes de un adecuado desarrollo de personaje que las convierta en modelos adecuados para las nuevas generaciones.

 

Aquellos personajes entrañables que adquirían valor por sus meritos a través de una historia bien contada, se han convertido en una parodia etiquetada bajo un hashtag que solo pretende vender un producto pasajero, respondiendo a un perfil establecido por los estudios de mercado y los departamentos de marketing de las productoras hollywoodenses. No es de extrañar que muchos de esos productos nuevos hayan generado rechazo en los espectadores de antaño, ya que los que tenemos más de 30 sabemos cómo se hacían las cosas entonces, y se podía ver el amor con que los guionistas o directores contaban esas historias.

 

Los escritores postmodernos se decantan por recursos fáciles y poco elaborados donde la figura clásica de Rosie de la postguerra, ha sido reemplazada por la controvertida “Mary Sue” (Personaje excesivamente idealizado de naturaleza unidimensional y poseedor de habilidades inverosímiles dentro de la historia). Pero no basta con incluir diversidad en una serie o película para garantizar que esta sea un producto de calidad.

 

La agenda política progresista, se conforma con obtener ganancias fáciles y consideran que solo con incluir un casting más diverso ya tienen su cuota garantizada, al llegar a una mayor cantidad de público objetivo, pero ya no se esfuerzan en hacer un buen producto ni  se molestan en disimular sus intenciones comerciales. Pero la culpa ha sido de nosotros los espectadores, que no lo vimos venir a tiempo y que aceptamos cualquier producto de entretenimiento desechable mientras cumpla su propósito de evadirnos de nuestra realidad cotidiana.

 

Pero nuevamente estamos llegando a un punto de inflexión… los fans se están haciendo escuchar y las productoras están prestando atención a sus reclamos. Ya no basta solo con cumplir la cuota, sino que necesitamos historias con contenido, con personajes bien escritos y que la diversidad este presente de forma natural y sin imposiciones, porque cuando mas te imponen algo que no pediste es cuando comienzas a cansarte de aquello y ese es el mayor daño que se le puede hacer a la inclusión social.  

 

 

 

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