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@2016 Patricio Junemann

¿Por qué no nos enseñan sobre Sexo?

 

La verdad es que no lo sé. Está más que comprobado, una y otra vez, que los hombres necesitamos de una buena relación sexual. Es impresionante como una relación sexual rica y satisfactoria no solo nos mantiene relajados, también nos ayuda a trabajar mejor, incrementa el rendimiento físico en actividades deportivas, nos hace más empáticos con nuestras parejas y con los que compartimos la vida diaria, hasta prolonga nuestra vida. ¡Cuántas bondades! Y eso que me estoy dejando varias en el tintero.

 

Por lo pronto, mejora nuestra salud, nuestra vida laboral y la convivencia. ¡Pfff, nada más! Pero para que ello sea posible, es de vital importancia entregar una educación sexual como es debido. Una educación sexual que esté bien informada y que pueda derribar los miles de mitos que rondan alrededor del sexo. Una educación que se enfoque en las virtudes y los problemas de nuestros tiempos. Una educación sexual que nos acerque más entre nosotros, en vez de que unos dominen a otros.

 

Afortunadamente, la figura del latifundista que se pasea por su fundo eyaculando sobre quien le da la gana y largándose una vez terminada la tarea, está en claro retroceso. Tanto hombres como mujeres estamos necesitando de relaciones que nos complementen, relaciones con la confianza suficiente para llenarnos de experiencias nuevas, ricas, satisfactorias y excitantes. Pero poco de eso se puede hacer sin que nos enseñen. ¿Realmente necesitamos más razones para tener una educación sexual como la que necesitamos?

 

Es verdad que la educación en el campo del sexo nunca termina. Existen muchos pueblos que han desarrollado las artes eróticas en una profundidad bastante mayor a la que tenemos en nuestra sociedad, por ejemplo.

 

También es verdad que una persona más experimentada puede ayudarnos a explorar cuales son las cosas que más o menos nos gustan. O que junto a la pareja se pueda ir descubriendo en conjunto todas las bondades que tiene el sexo para ofrecernos. Sin embargo, es poco probable que estas instancias se den de manera sana si es que no tenemos una educación sexual escolar de calidad. ¿Por qué escolar? Porque es la escuela la institución que hemos designado como sociedad para la instrucción de nuestros hijos. Porque es en ella que se pueden implementar programas de educación sexual completos y bien orientados de manera masiva. Porque es en ella que están las personas que han estudiado para enseñar y orientar tanto a alumnos como a sus padres.

 

A pesar de todos los beneficios que puede traernos la sexualidad, no solo como individuos, sino que también como sociedad, cada uno de los gobiernos se ha deshecho de la manera en la que ha podido de la responsabilidad de generar un programa de educación sexual que realmente ayude al desarrollo de sus estudiantes y satisfaga la curiosidad de niños y adolescentes. Se suele aludir al ya obsoleto recurso de que la sexualidad es un campo en el que no debe meterse la escuela, sino que solo la familia del niño. Vaya uno a saber por qué. Si hoy en día nos encontramos con padres peor informados que sus hijos en lo que al sexo refiere, si nos encontramos con jóvenes que pueden saciar el morbo y la excitación con el material que fácilmente pueden encontrar en internet, ¿de qué nos servirá la, muchas veces, precaria instrucción sexual de sus padres? No, la escuela tiene una responsabilidad al respecto. Durante décadas se instalaron programas orientados a la reproducción biológica, que no ayudaron en absolutamente nada a tener relaciones sexuales más plenas y ricas.

 

Para el lector menos informado, le debo decir que reproducción y sexo no es lo mismo, sé que para muchos es obvio a estas alturas, pero uno nunca sabe. Digo que uno nunca sabe porque todavía muchas escuelas prefieren programas de educación sexual sumamente limitados en su contenido. Programas que tratan temas propios de la asignatura de biología, deshaciéndose de la importancia que tiene la sexualidad y el erotismo por sí mismos. Programas que no hablan de identidad de género, de orientaciones sexuales, de zonas erógenas, de la importancia del juego previo o de la masturbación. Programas que si llegan a tocar estos temas lo hacen de forma ambigua o solapada. La anatomía reproductiva no es suficiente, nunca lo ha sido y nunca lo será. Gracias a los movimientos de grupos sociales y a la presión de los expertos en el tema, esto está disminuyendo.

 

Así estamos. Las autoridades, ya sean en los gobiernos o en las escuelas, se han demorado demasiado en darse cuenta de lo que nuestros niños y jóvenes necesitan hoy en día. Del favor que les haríamos si les enseñáramos como corresponde, respondiendo a los tiempos en los que vivimos y no al miedo que tienen de tratar la sexualidad como un asunto serio. Recién este 2019 se mandó un proyecto para que estudiantes de 5° Básico tengan educación sexual obligatoria. ¡Sorpresa! Desde 1° Medio no es suficiente. Y debo decirle que desde 5° Básico tampoco lo es. La mayoría de los abusos sexuales a menores ocurre antes de los 9 años de edad. ¿No sería bueno que implementen programas obligatorios que enseñen sobre el amor y el respeto al cuerpo para niños más pequeños? Eso también es educación sexual.

 

La educación sexual es responsabilidad de todos. Es responsabilidad del individuo, de la pareja, de los padres, de las escuelas, de los gobiernos y de la sociedad. Y en la medida que la tomemos en serio, veremos como las otras áreas de nuestra vida mejoran. Veremos que hay una sexualidad más acorde al hombre que necesitamos ser, una sexualidad que nos ayude a ser hombres más tiernos, íntimos, sanos y, sobretodo, felices. Exijámosla también nosotros.

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