Mitos sobre la masturbación masculina



Te contamos que cada vez son menos los que creen en los viejos mitos sobre la masturbación, esos con los que te asustaban cuando eras un púber o adolescente para que calmaras las manos bajo las sábanas y que más de algún adulto hubiese puesto las manos al fuego por su veracidad. Y es que habían para todos los gustos; para los que se daban de biólogos afirmando que deterioraba la función eréctil; para los moralistas que lo tildaban de pecado; para los expertos en salud mental, que con toda seguridad nos decían que propagaba la perversión; y hasta para los supersticiosos, fervientes creyentes de que la masturbación podía hacer crecer pelos en las manos. Si nunca escuchaste ninguna de estas ridículas creencias, mejor para ti y mejor para nuestra sociedad. Al parecer están disminuyendo. Sin embargo, muchas concepciones erróneas siguen bailando alrededor de ésta práctica, moviéndose al ritmo de la morbosidad que deliciosamente imbuye todo lo que tiene que ver con la sexualidad.


La masturbación masculina es aceptada en nuestros días, o al menos se nos perdona bastante más seguido que a nuestras compañeras del otro sexo, que tan solo en las últimas décadas han redescubierto este arte. No es raro escuchar que es normal que un hombre se masturbe, especialmente cuando se encuentra en “esa edad”. Ha sido un gran avance para la sexualidad masculina entender que la masturbación es una práctica que ayuda a nuestro desarrollo, a la experimentación del placer de forma íntima y segura y al descubrimiento de nuestro propio cuerpo. Sin embargo, todos estos beneficios solo son mencionados cuando hablamos de púberes y adolescentes; lamentablemente, la masturbación en adultos sigue siendo razón de vergüenza para muchos hombres. Al parecer el discurso de que la masturbación sólo es útil y deseable a falta de una pareja sexual, tiene raíces aún más profundas de lo que podríamos creer. No es raro que se piense que un hombre que todavía se masturba es sinónimo de un hombre que no solo no tiene sexo, sino que es incapaz de conseguir con quién tenerlo. Una imagen con la que pocos hombres quieren cargar sobre sus hombros. A pesar de ello, muchos adultos se tocan hoy en día, puede que muchos más de lo que la mayoría piensa. Algunos estudios muestran que más del 70% de los hombres sobre los 40 años se realizan tocaciones al menos un par de veces a la semana y otras estadísticas arrojan porcentajes aún más altos. ¿Dónde reside el problema, entonces? El problema está en que todos estos discursos, que tan profundamente han calado en nosotros, nos han impedido sacarle todo el potencial a la masturbación.


La sexualidad cubre dos necesidades muy importantes para todo ser humano: el placer y la intimidad; y tanto el placer como la intimidad pueden tener una dimensión personal o una dimensión que involucre a otros. La masturbación es la forma en cómo podemos intimar con nosotros mismos, en palabras de Woody Allen: “No te metas con la masturbación, es como hago el amor con la persona que más quiero”. Aunque a oídos de muchos esta frase pueda rayar en lo ridículo, le informo que no puede ser más certera. La masturbación no tiene porqué ser un recurso desesperado del hombre que no tiene con quien tener sexo. Muchos hombres con una vida sexual activa y medianamente satisfactoria recurren a ella, y lo hacen porque la masturbación da un espacio para encontrarse con los deseos y fantasías más íntimas, nos muestra algo de nosotros a nosotros mismos, aunque lo ignoremos por completo. Sacarle el máximo de su potencial.

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