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@2016 Patricio Junemann

La maldición de los Millennials

Más que nacer en los 80’s, adolecer en los 90’s y tratar de hacerla en los 2000’s, la maldición de nuestra generación. Los Millennials (o en chileno 'los de a mil'), es esa deuda con el pasado y la claridad de un futuro incierto.

 

 

Justo antes de las elecciones, discutiendo con mis amigos que no votan, en medio del coro ”da lo mismo quien salga, son todos la misma mierda”, una amiga me cambió la canción y me dijo: "Ya pero a ver, ¿como te va a afectar a ti?" Jaque. ¿En qué me afectaba realmente que salga x, y o z? “A nosotros no nos afecta en nada” me remató. Jaque Mate ¿Nosotros quienes? ¿Nuestra generación?. Y me quedé pensando…

 

Más que nacer en los 80’s, adolecer en los 90’s y tratar de hacerla en los 2000’s, la maldición de nuestra generación, los Millennials (o en chileno los de a mil), es esa deuda con el pasado y la claridad de un futuro incierto. Pero la deuda del pasado no tiene que ver con el trauma-dictadura, sino con la deuda -las dos corneas y un riñón- que tuvimos que vender para pagar la universidad. Así como, el futuro incierto no tiene que ver con que si Trump o Kim Jong-Un aprietan el botón, sino con que si de viejos vamos a terminar viviendo debajo de un puente o tirándonos de uno.

 

Porque esto de tener hijos más tarde, saltar de pega en pega o irnos más viejos de la casa de los papás, no es de gozadores, ni emprendedores, ni que nos encante seguir viviendo con la mamá. Es que las lucas no alcanzan. Y aunque la idea de la carrera, eso de estudio-trabajo-y-jubilo de lo mismo toda la vida, nos parece una lata. No conozco a nadie de mi generación que no quiera una pega estable, para relajar la billetera y el colon un rato.

 

Este presente del millennial, de pasado a rastras y futuro incierto, se hace carne mes a mes, en el mordisco que nos pegan entre la deuda del CAE y la AFP. Ambas siglas que aterrorizan nuestra billetera, fueron creadas una por la izquierda y otra por la derecha y, francamente, ninguno de los dos bandos tiene mucha intención de cambiar. Ahí mi amiga tenía razón; izquierda y derecha se pusieron de acuerdo hace tiempo en que para la economía no había nada mejor que la sangre joven para tener andando el motor.

 

Y así como por ley nos recortan el sueldo mes a mes, por ley también nos tienen viviendo en el pasado, adoleciendo en los 90’s o con suerte entrando a los 2000’s. De muestra un botón: la agenda valórica -como les gusta decirle- pero que no es otra cosa que derechos humanos.

 

Anda a saber tú cómo termina la ley de identidad de género entre tanta vuelta de chaqueta. Tanto color por sacar una ley que en la práctica es para cambiarse el nombre y sexo registral -cambiar de F a M en el carnet no más-, nada de andar por ahí pervirtiendo niños, no, eso último se lo dejamos a los curas. Así y todo la ley durmió 4 años en el congreso y, hay que decirlo, solo verá la luz gracias a que Una Mujer Fantástica ganó un Oscar. Del matrimonio igualitario, la derecha no lo quiere ni pensar y la izquierda se olvidó hasta el minuto 90 en que envió una ley que entró con pijama al congreso y dormirá por largos años, a menos que…

 

Hacemos un fuerte llamado de utilidad pública a todas las primas cineastas para que se monten un dramón cola con tema matrimonial y aspiraciones de Oscar.

 

Al final mi amiga me llamó el día de las elecciones desde su mesa de votación: “Aquí estoy votando, con dolor de guata” me dijo -y yo aquí ya tengo un poco de indigestión. Ahora que No+AFP, No+CAE, matrimonio igualitario y otras banderas llenarán las calles de la capital. Creo que aunque nos duela un poco la guata, vamos a tener que saber votar, marchar y quizás más. Michael Hobbes (un maestro e inspiración absoluta de esta columna) en su ensayo "Millennials Are Screwed", o en chileno “Los millennials están cagados” escribe: "Podemos elegir entre hacer política o dejar que la política nos haga a nosotros".

 

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