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@2016 Patricio Junemann

Darwin Ruz: "La medicina mapuche sanó mi cáncer"

October 29, 2017

Darwin Ruz es un hombre que no pasa desapercibido. Muy alto, moreno, con un corte de pelo moderno y una sonrisa cautivadora. Quizás para algunos su nombre no sea familiar, pero seguramente lo han visto en televisión más de una vez, ya que desde que entró hace 15 años no ha parado. Hoy se declara a sí mismo como un agradecido de Dios y de lo que le ha entregado la vida. Con momentos buenos y malos (algunos bien dolorosos), pero sin duda que con la suerte de su lado, este ha sido su camino para llegar a donde se encuentra hoy día.

 

Hijo de padres adolescentes, nace el año 1981 en Chile. Sus padres se casaron pese a su corta edad y se fueron a vivir a Uruguay. Su infancia se desarrolló allá y recién a los 8 años vuelve a Chile con su madre y sus hermanos. Este período, declara, fue muy fuerte para él, ya que sus amigos estaban todos en Uruguay, no sabía lo que era un terremoto, no sabía que era “el sí y el no”. Pasó de haber tenido una niñez ligada al juego y a los deportes a una realidad completamente distinta.

 

Desde siempre supo que quería ser bailarín, pero no lo dejaron. Es más, desde pequeño su abuelo le dijo que tenía que ser abogado. Sin embargo, dado a que siempre ha sido muy deportista, Darwin se acercaba igual a la danza. Su madre alguna vez incluso le contó que cuando era pequeño en Uruguay le sacaba cosas, no ropa de mujer, sino que cosas con brillo y que lo hicieran ver despampanante para bailar mientras se miraba al espejo.

 

A su regreso a Chile se fueron a vivir a la casa de su abuela, con quien tenía una muy mala relación, llegando incluso al maltrato. Nadie tomó medida alguna al respecto, ni siquiera su madre a quien no logró perdonar hasta muchos años después; por esta razón, con solo 15 años decidió irse de la casa y nunca más regresó. Estuvo en la calle durante dos semanas. “Viví cosas que agradezco haber vivido. Compartí con gente que doy gracias a Dios por haberlos conocido porque me enseñaron a vivir en la calle”. Su otra abuela que estaba en Uruguay, al enterarse de la situación decidió regresar a Chile. Ella matriculó a Darwin en el Internado Los Leones y ahí las cosas empezaron a mejorar.

 

 

Durante todo este período no se alejó de los deportes y siguió practicando voleibol, llegando a ser seleccionado nacional. Eso contribuyó para que junto a su resultado en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) pudiese entrar a estudiar derecho en la Universidad de Chile, tal y como quería su abuelo. Sin dejar de lado su otra pasión, tomaba clases de baile como tango y salsa e iba a bailar a varias partes. Además, desarrollaba este lado artístico leyendo libros y estudiando de danza. “Me considero una persona súper culta para hablar de danza. Sé bastante, aunque soy consciente que me falta por saber”.

 

Si bien le iba bien en la universidad, dedicarse a la danza siempre fue lo que quiso hacer. Y las cosas se fueron dando solas, estando el momento justo en el lugar indicado. Nos cuenta que un día, después de haber perdido un partido de voleibol, iba caminando al paradero de micro para volver a su casa cuando vio una puerta azul abierta donde decía “BAFOCHI”. Adentro tenían unas fotos de sus viajes y mientras las miraba conoció a Pedro Gajardo Escobar, el director del ballet. Resumiendo la historia, lo invitaron a una audición que se realizaba ese mismo día y logró entrar al elenco B del Ballet Folclórico de Chile. “No lo podía creer. Yo tenía nociones de baile, una buena elongación, pero no para meterme a un ballet importante como el BAFOCHI”, nos cuenta riendo.

 

De esta forma empezó la carrera de bailarín de Darwin Ruz a los 18 años, a escondidas de su familia. Seguía estudiando derecho, entrenando voleibol y yendo a los ensayos del elenco B. Durante 5 meses se fue nutriendo y recibiendo una formación académica en este mundo de la danza. Ese mismo año subió al elenco A del BAFOCHI y estuvo durante 6 años; aún se considera parte de ellos, aunque ya no baile con la compañía.

 

El año 2003 traería nuevas oportunidades para la carrera de Darwin: entrar a la televisión. Ahí conoció a Hugo Urrutia, otro de los mentores que ha tenido en su vida. “Con el Hugo aprendí a trabajar en televisión, aprendí los valores de un artista y que la humildad vale más que cualquier otra cosa”. Ese año participó en la primera temporada de El Baile de TVN.

 

Cuando terminó el programa, se fue a Francia con una beca para estudiar Danza y Coreografía con mención en Contemporáneo, donde estuvo alrededor de dos años y medio. Como cosa del destino, conoció a el primer bailarín del Moulin Rouge y él lo invitó a participar de un casting. “Había una fila como de cien personas, cual de ellos más guapo. Bailé ritmos latinos de ball room y eso les llamó la atención”. De esa forma, Darwin Ruz se convirtió en el primer chileno en bailar en el Moulin Rouge por casi un año y donde se dio cuenta que el espectáculo y las plumas eran lo suyo. “Esa fue mi gran escuela para ver como se hace un espectáculo de verdad detrás de escena. El nivel de la producción y cómo se mueven las personas que trabajan para que el espectáculo resulte como corresponde. La verdad es que fue una experiencia única en la vida”.

 

A su regreso a Chile, volvió a incorporarse a la televisión. Después de TVN también trabajó en Chilevisión en programas como Fiebre de Baile, Bailando por un Sueño y Yingo; y posteriormente estuvo en el programa Bailando de Canal 13.

 

Fue en este último programa donde, como pareja de Marcela Sabat, tuvo un conflicto con uno de los jurados. Sin embargo, este evento él considera que lo acercó más a la gente. Recibió mucho apoyo y aumentaron sus seguidores en las redes sociales. “Para mi bailar con una diputada fue un honor… En mis redes sociales en general la gente me muestra mucho cariño. No hablo mal de nadie, no me presto para el juego de subir cosas que puedan ensuciar mi carrera. Quiero contribuir a mi país entregando cultura, entregando conocimiento, dejándole un legado a las personas para que sigan con el espectáculo y que este no muera”.

 

 

Con este legado en mente y siendo hoy su meta lograr que el espectáculo en Chile vuelva a ser lo que era antes, es que participó como coreógrafo y productor de las primeras revistas musicales hechas en nuestro parís con el estilo del Moulin Rouge. Bajo la dirección de Marcelo Álvarez, presentaron “Tacones y algo más”, “Tacones Petit”, “Tacones Glam”, “Tacones a Brillar” y “Tacones a Brillar, Sabélo”. Asimismo, trabajó en la coreografía y producción de los shows que se presentaron en las discotecas Bokhara, donde estuvo dos años, y Bunker, durante 4 años y medio.  “Creo que fui uno de los factores fundamentales para que el espectáculo no muriera en Chile”.

 

 

Hoy se encuentra formando una compañía artística llamada Ballet Evolution Chile junto a otros 3 fundadores. Con una gran inversión en vestuario y preocupación por los detalles, el objetivo es que vuelva la magia de la televisión en la parte coreográfica, el glamour y la elegancia. Que los bailarines nuevamente recuperen su prestancia y la estampa que tenían antes. “La idea es mostrar que es necesario que los artistas nos unamos en la causa común de hacer espectáculos como corresponde, con producciones de alto nivel.”

 

Hablando de su presente, nos cuenta de que además de la compañía que está formando, es coreógrafo de Américo. Además está en el canal Mega donde es coreógrafo del matinal Mucho Gusto. Fue, además, el Director Coreográfico del programa The Switch 2, que aún no sale al aire. “Independiente del tiempo que esté guardado, es muy producido y de muy alto nivel. Es como un renacer del espectáculo en la TV”.

 

 

 

Fue en la primera versión de The Switch donde conoció a Iván Canales, a quien considera el mejor director de Chile y lo llama su papá televisivo. “No había tenido la experiencia con otro director que compartiera conmigo el escenario; dividimos bien las pegas y siempre respetó lo que yo quería hacer. Para mí es un ejemplo de televisión y dirección”. En la producción de este mismo programa conoció a Ricardo Durán, otro director, quien lo llevó al matinal Mucho Gusto.

 

Este año montó la obra Marilyn de Chocolate en el teatro Coca-Cola City, pero solo tuvo una función por problemas internos entre quienes participaron de esta producción. “Terminó siendo una única función, aunque fue un gran proyecto. El asunto que más me aproblemó fue que en el teatro Coca-Cola City yo mostré grandes espectáculos, producciones gigantes. Haberme salido del teatro fue no cumplirle a Julio César”. No obstante, tendrá su revancha a contar del día 6 de octubre en el mismo teatro, en donde participa en el stand up comedy “Oveja Negra” como bailarín y actor. Estará acompañando a Ángela Díaz Navarrete en las cuatro funciones que al día de hoy se encuentran programadas.

 

Una de las cosas que marcaron su 2017 fue que le detectaron a principios de año un tumor cancerígeno cerca de la aorta. Por fortuna estaba bien encapsulado, pero su tratamiento implicaba quimioterapia y cirugía. Pese a ello, optó por la medicina natural. “Yo tengo una imanista que se llama Giovana Talifú, que es una mujer que amo con todo mi corazón. Ella tiene una ruca en el hospital San Borja, donde sana gente con medicina Mapuche.” Fue con Giovi, como le dice de cariño, que siguió su tratamiento; ella lo llevo a Lautaro por dos semanas, donde el pueblo Mapuche lo recibió y lo sanó. Con una serie de rituales y medicina natural, Darwin hoy puede decir que el tumor desapareció completamente. “Tengo un tatuaje que me hice en memoria y en agradecimiento al pueblo Mapuche, a mis ancestros. Hoy lo llevo con todo orgullo en mi corazón.”

 

 

En toda esta tómbola de eventos, Darwin se considera contento, aunque dice no haber alcanzado la felicidad plena. Después de siete años pudo volver a su otra gran pasión, el voleibol, junto al Club Deportivo Zada dirigido por Cristián Hernández, uno de sus formadores en este deporte. Además, ha tenido la posibilidad de volver a tener amigos deportistas y donde comparte con otra de las personas importantes en su vida que es Sebastián Cáceres. “Me ha servido para alejarme un poco de mi personaje de artista y volver a mi deporte favorito”.

 

Al preguntarle si se considera afortunado en su vida, la respuesta es sí. Considera que ha conocido gente buena que ha llegado a su vida para enseñarle. Ha encontrado a las personas correctas con quienes trabajar. “Conocí a Pedro Gajardo que me inició; a Hugo Urrutia que es un gran maestro; y a Iván Canales que hoy tiene un puesto de dirección”. Pero incluso las cosas malas las toma como un aprendizaje y no se arrepiente de haberlas vivido.

 

Fotografía: Roberto Gaete

Maquillaje : Constanza Arenas

Stylist: Ariel Saavedra

Dirección: Patricio Jünemann

Entrevista y edición: Constanza Arenas y Patricio Jünemann

 

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