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@2016 Patricio Junemann

La técnica japonesa que protege la madera

La madera ofrece unas condiciones excepcionales en la fabricación de diferentes productos y en la construcción, sin embargo, hace hace más de 4 siglos, cuando todavía no existían técnicas avanzadas para la fabricación de elementos de madera que resistiesen de forma durable condiciones adversas, como su ubicación en zonas costeras, los japoneses encontraron una solución; quemarla antes de su instalación.

 

 

Los carpinteros japoneses buscaban una solución para el uso de madera mejorando su durabilidad y dando un nuevo aspecto de belleza, sobre todo para mejorar la resistencia de la madera en zonas costeras donde el salitre y la humedad estropeaba anticipadamente dicha madera.

Así nació una técnica llamada “Shou – Sugi – Ban” en japonés (焼 杉 板) y se traduce literalmente como “tablero de cedro quemado”.

 

 

Esta técnica se compone de tres pasos:

1- Se unen tres tablas largas haciendo una forma triangular con un material resistente a la combustión y se introduce combustible en el interior. Se inicia la combustión para que se queme la madera en el interior de ese triángulo.

 

2- Pasados entre 7 y 10 minutos, o cuando la madera ha sido carbonizada en 3-4mm de espesor, se separan las tablas y se frena la combustión con agua, dejándola enfriar.

 

3- Se cepilla y lija la cara carbonizada y se aplican productos naturales como aceites que la protegen.

Esta técnica dejó de utilizarse hace unos 100 años con la llegada de los plásticos y otros revestimientos, no solo materiales nuevos que han sustituido a la madera sino también con las mejoras y la investigación en productos que han mejorado las propiedades de la madera. Sin embargo, la técnica Shou sugi ban ha vuelto a utilizarse en los últimos años ya que ofrece belleza y protección y numerosos beneficios, tales como:

Reducción de costos; esta técnica supone menos costos que la aplicación de productos, no solo en el valor de dichos productos sino en la labor de aplicación.

Acelera los tiempos de construcción, ya que la madera no necesita ser tratada o pintada después de su instalación.

La capa de carbón protege la madera de los rayos UV y la intemperie. Esto significa que la madera no sufre ni varía su aspecto y puede durar más de 80-100 años sin mantenimiento. Esto supone una garantía de durabilidad de la estética y la integridad estructural, además de ahorro en gastos de mantenimiento.

La capa de carbón hace a la madera resistente frente a insectos y plagas. Agentes xilófagos como las termitas odian la madera carbonizada por lo que evita que éstas le afecten.

– Por último es un proceso natural, sin uso de productos químicos, no es tóxico y reduce el impacto ambiental.

Este tratamiento es laborioso pero sus posibilidades están extendiendo su uso en occidente. Se puede utilizar en diferentes especies y está en proceso de industrialización con sopletes para el quemado. Además, dependiendo del tiempo de exposición a la llama, la forma en la que se cepilla y se trata, el aspecto final varía en diversos tonos y acabados.

 


Un ejemplo es la fachada ondulada del edificio Interims Audimax en la Universidad Técnica de Munich en Alemania. Esta fachada está hecha de madera de abeto carbonizada que genera un bonito efecto visual plateado con la incidencia de la luz.

 

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