Cuando el alma dice lo que las palabras callan.

A veces me pongo a pensar en qué pasaría si creo, si digo que entiendo o que no me afecta. Entonces parecería como si me diera lo mismo, pero puede que haya calado hondo sin darme cuenta de lo que pasó. La cuestión es que es incomprensible saber la magnitud del hecho. Es como un terremoto en distintas partes del mundo; en ciertos países el grado seis en un terremoto y en Chile solo es un temblor de mediana intensidad. Así es el movimiento en mi mente. No siempre puedo ser un roble queriendo creer que soy invencible, sin embargo, hay cosas que me vulneran de tal forma que me quita las palabras. Solo mi mente piensa y se encarga de encajar las palabras con las acciones para llegar a una conclusión que muchas veces no es la mejor.

¿Por qué afecta?

Puede que afecte lo que no pasó, pero quien conoce el corazón del aparente hombre de hierro sabrá que la fragilidad es evidente. Lo mejor es evitar miradas y ser foco de palabras, es decir, si te afecta, escóndete y haz como los avestruces, que entierran su cabeza en la tierra. De cualquier forma te verán. Si escondes tu cabeza bajo tierra sabrán que te afectó más de la cuenta; en cambio, si te vuelves el foco de atención dirán que eres fuerte o que estás fingiendo estar bien cuando solo deberías meter tu cabeza a cinco metros bajo el tierra.

Las cosas afectan dependiendo del estado emocional en que la persona esté viviendo. Si está pasando un momento feliz, lo más probable es que un hecho desafortunado no tenga demasiada importancia en su vida. De lo contrario, si a esta misma persona le sucede algo inesperado y no está estable anímicamente, es claro que le afectará tres y hasta seis veces más de lo normal. Por eso es de suma importancia que las energías se canalicen de la mejor forma para no tener un estallido de ira y furia innecesaria, porque las consecuencias puede que sean peor que el hecho que lo lastimó. Por eso se debe empatizar con la otra persona, con su dolor y su pensamiento, aunque nosotros creamos que es algo sin importancia. Tal vez para la otra persona sea algo grave.

En realidad, ¿a alguien le importa lo que te afecte?

Quizás sí puedan existir interesados en tu salud mental. Tal vez se preocupen porque puedes ser un tema de conversación en las juntas de amigos, quizá solo quieran saber para reírse de ti, pues hay mucha gente que les causa gracia la desgracia de otros.

De todas formas, hay personas que merecen ser escuchadas, no para criticarles, sino porque merecen un abrazo y escuchar "estoy contigo, te creo, todo estará bien". De vez en cuando todos necesitamos escuchar esas palabras que, sin pedirlas, es lindo si las dice alguien que a ti te importa y que tú le importas.

En ocasiones ni siquiera es necesaria tanta palabra. Solo bastaría con un abrazo y un beso en la frente para saber que cuentas con el apoyo de otra persona. Si viene de alguien especial para tí, sabrás que ese abrazo es sincero y de corazón.


Sería cierto si dices que te da lo mismo, lo demuestras y lo gritas. Tardarías tiempo en aceptar que fue un error o un acierto. En otras palabras, es conveniente asumir la importancia que tiene la situación por la que estás pasando, solo así podrás liberar las energías que causan estragos en tu vida y en la de alguien más.

Y es aquí la moraleja. Si fuera cierto diría que no me importa, que me da lo mismo a pesar de que no estuve ahí para sentirme mal.

¿La verdad? Sí, afecta en todas las formas, directa e indirecta, porque nadie es lo suficientemente fuerte para resistir tanto o sufrir mucho.


Si fuese cierto, me basta una mirada para entender que no habrá risas a mí alrededor.

Si fuese cierto, solo me basta un abrazo para saber que no es cierto.

Si fuese cierto, estaría sentado esperando tu salida.

Si fuese cierto, solo tú sabrías cuánto me afecta.

Si fuese cierto, lo vería en tus ojos, solo si fuese cierto.

Nunca sabremos cuán ciertas son las cosas. A veces necesitamos de una tranquilidad emocional para aceptar lo que pasó o pudo haber pasado. Es decir, aceptar la realidad como venga, aunque esa realidad sea dura.

Respira adentro, respira afuera, dije una pequeña plegaria de cómo los dioses encima pueden ser tan injustos. Pues bien, soy un hombre con suerte, con fuego en mis manos.

Debería estar agradecido de estar vivo.

Podría haber sido mucho peor si nunca hubiera amado para nada.

Y nunca haber sabido para qué sirvo.


La felicidad viene y se va.

Te miro observarme, mira mi temperatura crecer.

Sé justo dónde estoy.


Pero ¿en cuántas esquinas tengo que dar la vuelta?

¿Cuántas veces debo aprender que todo el amor que tengo está en mí?

Sé que hay alguien más allí afuera, esperando por mí.

Tiene que haber alguien más allí afuera.

Solo tiene que ser así.


A fin de cuentas la vida te sonríe, Dios te muestra el camino después de estar parado en medio de la calle haciendo nada...

De vez en cuando toma la mano de otra persona, podría ser un recorrido más interesante. No sientas miedo de cómo podría ser, porque si no lo intentas, jamás sabrás que pudo haber resultado.

Vamos, toma mi mano, aún sigo caminando lento por la avenida en la cual me viste por primera vez. Sé que quieres y sé también que te asusta la idea de morir en mis brazos, pero yo te digo, que si saltas por un precipicio te dejaré caer. Puede que pienses que soltaré tu mano, pero si realmente me conoces, sabrás que al saltar, ya habré puesto algún tipo de plataforma de seda para que no sientas el golpe al caer.

Vamos, deja el orgullo, que yo intento dejar el mío. Sonríe por mí, mientras aprendo a hacerlo por ti también.


Si te digo que acá estoy, es porque realmente es así. Y recuerda:

Sé que hay alguien más allí afuera, esperando por ti, por mí.

Tiene que haber alguien más allí afuera, tiene que ser así.

Solo toma mi mano.

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