© GMZ - Todos los derechos reservados.
Las imágenes y contenidos publicados en este sitio no pueden ser reproducidas por ningún medio sin autorización.

 

El hombre sin moda.

July 28, 2017

Sigue siendo frecuente que algunos hombres no sientan la moda como un tema que les compete o interesa. Para ese tipo de varones, la moda es, simplemente, un tema hecho para mujeres. 

 


"Les decimos a los hombres, desde pequeños, que lo peor que pueden ser es femeninos de alguna manera."


Sin embargo, aunque esta sea la norma, lo realmente extraordinario de esto es cómo la historia muestra, de formas contundentes, que dicha noción no siempre fue pensada o vivida de esa manera. 

La corte de Luis XIV, por citar uno entre muchos ejemplos, basó gran parte de su política ceremoniosa en torno a la vestimenta. Los tacones, hoy tan asociados al mundo de las mujeres, fueron, de hecho, pensados para los varones. La suela roja —insignia actual del zapatero Christian Louboutin— era un privilegio exclusivo del noble francés.

En ese sentido, la moda ha servido de múltiples maneras dentro de un tema con el que sí se asocian los hombres: el poder. Cuando, por ejemplo, las pugnas eran de escala conquistadora, entre España, Francia e Inglaterra, los mismos reyes llegaban a prohibir el uso de influencias francesas en la vestimenta en las cortes con el fin de afianzar solidez de identidad en sus propios reinos. ¿Banal una medida como esta? Que la moda sea un tema de mujeres es algo que se ha construido con el tiempo.

En 1930, el psicólogo J. C. Flugel habló sobre este tema. Lo denominó uno de los fenómenos más extraordinarios y duraderos en la historia. Lo llamó “la gran renuncia masculina”. Es decir, el momento preciso en que los hombres desistieron de ser bellos para volverse seres funcionales, cuando emergió la idea de que los hombres debían vestirse de manera uniforme entre ellos para no llamar la atención sobre sí, cuando los hombres abdicaron a la posibilidad de ser objeto de belleza para una mirada ajena.


Doscientos años han pasado desde esto. Dos siglos desde que surgió, además, la pieza más emblemática del vestuario masculino —la que comparten un contador y un presidente, la que usa un hombre para casarse o para su entierro—: el traje. Si se piensa, todo en el armario masculino deviene del traje. Pantalones, camisas, camisetas, chaquetas. Las variaciones no son tan significativas como en el universo de las mujeres.

El régimen de la apariencia masculina sobresale, precisamente, por su estabilidad y su consistencia. Las mujeres llevan doscientos años extrayendo ideas del vestir masculino, buscan fórmulas de un confort funcional que favorece la inversión en actividades y no tanto en apariencias.

Aunque es cierto que, en los tiempos que corren, las nuevas generaciones se muestran más receptivas a la estética, muchos hombres siguen sintiendo que la moda les es ajena. ¿Por qué?
La moda se ha construido como uno de los grandes temas de la feminidad, pero no lo es por naturaleza. “Ser varón”, entre tantas cosas, significa no sintonizar con algo de energía femenina, como puede ser cultivarse estéticamente. Les enseñamos a los hombres que los temas femeninos son secundarios e intrascendentes.

Que los hombres se nieguen a los placeres que puede generar la belleza, por no desviarse de la “masculinidad”, es, realmente, una pérdida.

Cuando un hombre se permite ver la moda como una posibilidad, puede encontrar en el vestir formas de percibirse a sí mismo con más certeza, aprecio y asertividad. El hombre que se viste con conciencia puede descubrir que la apariencia puede ser una experiencia exquisita. 

Please reload

Please reload