© GMZ - Todos los derechos reservados.
Las imágenes y contenidos publicados en este sitio no pueden ser reproducidas por ningún medio sin autorización.

 

Dejé la rasuradora y empecé a amar mi cuerpo peludo

De niño, Matt Lister fue el más peludo de sus amigos. Y aunque eso le trajo algunas ventajas, Matt odiaba la selva de pelos que pobló su espalda. Harto de los problemas que pasó depilando su vello corporal, este columnista y campeón del piragüismo aprendió a amar su cuerpo tal y como es...

 

 

 

Siempre supe que era gay. Me era imposible esconderlo mientras crecía. Entre los dos y tres años jugaba con los accesorios de mi hermana. Fui a ver la película de las Spice Girls con ella y sus amigos adolescentes, y no podía ocultar mi entusiasmo por ver a Victoria Addams (ahora Beckham), la Posh Spice en la gran pantalla.

 

Pero la mayor de las evidencia de todas era, por supuesto, que al crecer empecé a notar que solo me atraían los hombres. Me encantaba John Cena, Tom Selleck cuando salía en Friends como el novio de Monica, Jason de la boyband británica 5ive y Will Smith cuando se fue a vivir a la mansión elegante de Bel Air en El príncipe del rap. No todos eran particularmente peludos, pero aquellos que tenían más vello corporal siempre llamaron más mi atención.

 

Tenía como 10 años cuando empezó a salirme vello púbico, lo que me confundió un poco. Creo que sabía que eso significaba que estaba creciendo, pero en mi imagen mental no me veía como un hombre a tan corta edad. Después, recuerdo haberme sentido orgulloso por alcanzar algo antes que cualquiera de mis compañeros.

 

Poco después, mi zona púbica se cubrió por completo de vello y le seguiría el resto de mi cuerpo. Cuando tenía como 12 o 13 años ya estaba afeitándome el bigote y los primeros vellos debutaban en mi pecho. Nunca tuve ese momento padre/hijo donde mi progenitor me enseñara a afeitarme, pero lo vi hacerlo varias veces, así que me las arreglé para hacerlo solo, arriesgándome a rebanar uno de mis labios en el proceso.

 

Mi cuerpo adolescente tenía piernas de hombre adulto.  El vello se expandió tan rápido que llegó a mis pies. No pensé tanto en aquello, hasta que desnudo en el camarín un compañero de colegio lo notó. De ahí en adelante empezaron las bromas y me decían "el hobbit". Sentía tanta vergüenza (no se por qué, porque encuentro muy sensuales los pies velludos), que además de afeitarme el rostro, seguí con los pies.

 

Con 15 años cumplidos parecía de 20. Lo bueno era que podía carretear con mi hermana y sus amigos mayores sin ningún problema. Pero a los 16 me salió vello en la espalda y ahí ya quería morirme.

 

¿Porqué me sentía tan orgulloso de ser un hombre peludo pero me avergonzaba mi espalda? No me lo explicaba, pero se que lo odiaba. Cuando recuerdo esa época, creo que era muy raro ver en la tele o en revistas a hombres con espalda peluda. Asumí que el exceso de vello corporal me hacía ver mayor que mis compañeros del colegio y del equipo de piragüismo británico, pero soñaba con hacer desaparecer el vello de mi espalda. De hecho, le pedí a mis papás un tratamiento de depilación láser. Nunca me lo dieron, gracias a Dios.

 

Pero seguía con la idea de hacer algo al respecto, así que me obsesioné con el "manscaping" (depilación masculina). Pasaba horas repasando mi pecho, hombros y espalda. Luego llegué al extremo y tuve la más loca de las ideas: Le pedí a mi novio que me depilara la espalda con pinzas, pelo a pelo.

 

Nos pusimos de acuerdo un día y empezó la tortura. Las cama tenía tantos pelos que parecía que una docena de gatos se había agarrado a combos en ella. El dolor era terrible, pero sentía que por fin mi espalda tenía un aspecto "normal". Por una semana sí, porque cuando volví al entrenamiento, con la transpiración desarrollé un serio caso de acné.

 

Uno de los mayores problemas de ser un atleta peludo, que vestía de los pies a la cabeza con prendas de lycra y látex apretado (no es tan sexy como suena), es cuando tienes que desvestirte y todo te pica. Tienes sarpullido ¡incluso se te pueden incrustar los pelos y empiezan a crecer hacia dentro! Uno de esos casos fue tan extremo que cuando me depilé el perineo y tuve que faltar a un entrenamiento porque se me había incrustado un vello en el trasero. No me podía sentar en el bote porque me dolía mucho. Tuve que pedirle al fisioteraputa del equipo que  me ayudara a sacarlo.

 

 

Con todo ese sufrimiento, me di cuenta que el odio por mi espalda peluda venía de la propia comunidad gay. Un tipo en particular fue muy vulgar conmigo en Grindr. Después de chatear por un par de días, acordamos ir por un café. Pero mientras iba camino a juntarme con él, empecé a recibir una serie de mensajes tóxicos, así de la nada, sobre lo "asqueroso" que era mi cuerpo peludo. Escribió que la única oportunidad de juntarnos era si yo me depilaba a cuerpo completo.

 

La presión, no solo de tipos "random" en Grindr, sino que también de amigos que hacían comentarios sobre mi espalda antes de ir a mis primeras vacaciones gay de la vida en la isla de Mykonos, Grecia. Tuve que tomar la rasuradora por una hora y doblarme lo mayormente posible. Un compañero tuvo que ayudarme a terminar con el pequeño diamante que no pude alcanzar sin discolarme los hombros o romperme una costilla.

 

Perdí el vuelo por otros motivos y llegué 12 horas después que mi novio a la isla. Cuando le revelé mi nueva y gloriosa espalda depilada solo recibí una mirada de decepción.

 

"Me encanta tu espalda peluda porque podemos hacer cucharita de ambas formas en la noche y se siente de la misma manera", me dijo. "En un día más va a parecer un rayador de queso".

 

Después de eso, un poco antes que apareciera "El Quijote de la Mancha" en braille con las espinillas que me salieron, nunca más volví a depilar mi espalda. Decidí que el tiempo y costo de la mantención y las consecuencias de depilarse todo el tiempo no eran para mí. Prefiero celebrar mi diferencia que tratar de encajar en una caja que no es de mi tamaño.

 

 

Actualmente, ya estoy en paz y volví a ser el niño peludo y feliz de antes. Uso Instagram como una plataforma para ser quien soy y, aunque a mi madre no le parezca correcto, muestro mi torso desnudo, saltando y disfrutando de una playa que acabo de conocer en cualquier rincón del mundo. Siento mi espalda como un pavo real siente su plumaje. Amo mucho mi espalda peluda y pongo atención para el barbero no baje más allá de mi cuello.

 

Creo que muchas de las emociones que sentía hacia el exceso de vello corporal tenían que ver conmigo asumiéndome como gay. Ahora que me asumí como peludo me he re-aceptado como soy, y el resto hizo lo mismo.

 

Si en primer lugar me hubise dedicado a aceptarme como soy y no caer frente a la presión social, me habría ahorrado mucho dolor físico y emocional. Ha sido un largo camino el que me tomó aprender a amar mi cuerpo peludo, pero finalmente me siento feliz en mi propia piel (y pelos).

 

Espero que mi historia sirva para inspirar a otros a "dejarlo crecer" como yo lo hice. Es mucho más divertido.

 

 

 

 

 

 

Please reload

Please reload