Daniel y Benjamín, otra clase de amor.

March 1, 2017

Muchos decimos que queremos cambiar el mundo, hacer de este lugar un pasatiempo agradable, muchos tenemos la misión y convicción de que, para cambar a otro debemos comenzar por nosotros mismos pero, ¿cómo lograr un cambio? Para lograr un cambio interior la tarea fundamental es, enfrentarse a los miedos que nos aquejan, dejar de lado el qué dirán si hago esto o lo otro.

 

 

 

Una vez que estas dispuesto a enfrentar tus miedo puedes seguir conquistando metas y, ya obtendrás la sabiduría y experiencia de que hiciste lo que temías, pues ahora sabes cuál fue el resultado, ahora, podrás enfrentarte  a lo que sea.

 

Esta experiencia del cambio propio la vamos transmitiendo a terceros y, ahora se viene el mayor de los retos al que te debes enfrentar; pareja con hijo. Suena lindo decir que mi pareja tiene un hijo pero, ¿cómo llegar a él?, ¿debo hacerme amigo de él?, ¿me aceptará? Esas y otro millón de preguntas se me vinieron a la cabeza desde que comencé mi relación con mi pareja quien tiene un hermoso hijo de seis años.  Es una relación la cual no se puede tomar  a la ligera, por lo menos no en mi caso, y siendo honesto, asumo que ha sido en cierta forma algo complicado estar juntos, básicamente por los tiempos que debemos manejar con cautela para vernos, estar juntos y querernos sin que nadie ni nada nos interrumpa. A esto le sumamos que en varias ocasiones está el hijo presente, que no sabe que su padre tiene una pareja hombre y, ahí comienza la interrogante del padre ¿qué hago con mi hijo?, ¿debería contarle y si lo hago cómo le digo? Pues está claro que para llegar a esa pregunta se debe estar en una relación la cual estas seguro que será estable y perdurará en el tiempo, más allá del amor y/o cariño que ambos nos tengamos.

 

Y, volvemos al tema principal del cambio que queremos hacer en este mundo, para ello, en este momento estamos trabajando en cómo abordar el tema de la homosexualidad con el pequeño, buscamos la manera de que no sea un tema complicado de entender para él, en realidad puede que nosotros los adultos  provoquemos una tormenta en un vaso de agua porque psicológicamente los niños nacen con una mentalidad abierta, ellos no tienen prejuicios, no saben de xenofobia, homofobia, clasismo y racismos; somos nosotros los adultos los que los conducimos por un camino u otro. Es uno quien le impone y enseña valores a nuestros pequeños.

Entonces, ¿por qué el miedo a decirle  a tu hijo que quieres a otro hombre? Ese miedo mal fundado por una sociedad retrograda y casi inhumana a veces nos pone a prueba por el resultado de esta confesión. Me refiero a que no todos pensamos igual, la homofobia sí es inculcada en familias que enseñan a sus hijos a discriminar y, esta discriminación innecesaria puede que afecte a otro niño de buenos sentimientos. Ahora, si este niño, el hijo de mi pareja es criado como hasta ahora que, se le ha enseñado que en la vida existe la diversidad en todo sentido, creará una especie de coraza para la vida, con este escudo tendrá las respuestas precisas para aquel que intente burlarse de que su padre es gay.

 

A mi parecer vamos dando pasos agigantados no solo como pareja, sino que, los tres nos llevamos súper bien, nos hemos involucrado en esta relación que no siempre será de dos. Nos volvemos tal vez en una familia, aquella que me siento feliz y muy entusiasmado de entrar y formar. A mi pareja no le he exigido hablar con su hijo sobre el tema, es algo que como padre debe ser él quien lo hable.

A fin de cuentas estamos seguros de que todo debe y tiene que resultar de la mejor forma; no podemos asegurar que estaremos toda la vida juntos, tal vez si o quizás no, pero el tiempo que seamos una familia daré todo para que siempre funcione de la mejor forma y, si algún día llegamos a separarnos, tengo claro que podré seguir ofreciéndole mi amistad al pequeño.

Hay muchas formas de integrar una familia, unas son madre y padre, padres con hijos, padre con hijo, hija, familia de hermanos, dos madres y un hijo y, también dos hombres y un niño.

 

No seré quien le imponga un apodo al pequeño, no pienso ni me ilusiono en que me diga papá o tío, me siento bien que me llame por mi nombre, solo me basta darle la seguridad  a mi pareja de que hizo una buena elección al estar conmigo.

De cualquier forma, todas las familias, sin importar el número de personas, deben estar bien constituidas por amor y valores. Esa es nuestra labor, seguir inculcando valores y amor  al pequeño.

 

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