Romance en Máncora.

Mi viaje a Máncora salió de la nada, nunca pensé que conocería un lugar tan maravilloso, después de todo las cosas no siempre son como te las cuentan, pero este lugar es la excepción a la regla, es un balneario y una localidad en el norte del Perú, casi en el límite con Tumbes, es un balneario y al mismo tiempo caleta de pescadores.


Llegamos con mi novio, y lo primero que se sentimos es el calor seco-tropical que si bien no es tan húmedo como otras regiones tropicales siempre fue muy caluroso y con un sol igual o más fuerte que en otros lados, pero esto lo convierte es una zona ideal para el buceo y el surf , y al llegar al hotel me di cuenta que en los últimos años efectivamente se ha convertido en una playa muy visitada por los surfistas de Perú y muchos extranjeros, así que ya tenía mi primera actividad, surfear al día siguiente en la mañana.


El hotel Máncora Beach Bungalow decía tener la mejor ubicación de playa, y la verdad cumplía la promesa, estaba justo en el límite de Las Pocitas una playa de arena clara y mar turquesa, el hotel tiene una amplia área de arena todo el año, pero lejos lo que más me gusto fueron las áreas especialmente diseñadas para familias y para adultos solos.¡Nuestro Bungalow con camas King en un área separada con su propia piscina y jacuzzi!, era de verdad un sueño, todos frente a la divertida piscina con catarata y tobogán, el bar, área de parillas, fogata y sombrillas de playa, todo ideal para parejas que quieren un espacio para relajar con el sonido de las olas, asolearse, leer y disfrutar de las vistas y atardeceres inolvidables.


La comida es una de las más variadas de la costa ya que tiene la particularidad de tener las dos corrientes marinas todo el año, la cual les permite preparar deliciosos platos marinos como ceviches preparados con mero, pez espada y langostino, entre otras delicias, que los chef utilizan para preparar sus especialidades del norte del país.


Saliendo a pasear por la playa nos encontramos con una lancha antigua varada en la playa, era El Naufrago un lugar donde encontramos sunsets inolvidables con una cerveza bien helada, un picoteo muy bueno y música mejor aun, pero como uno no es ninguno, después del atardecer nos fuimos al bar en la playa donde tomamos un “sex on the beach” en las sombrillas.

Así llego la noche, y luego de gastronomía y hermosos paisajes, nos fuimos a dormir, lo bueno es que en las noches hace bastante menos calor. Al día siguiente muy temprano bajé a la playa y luego de arrendar un tabla, comencé el día arriba de una ola, mi gran pasión, pero no podía quedarme solo con eso, al despertar mi novio y luego de un desayuno con muchas frutas, salimos de paseo por la costa.


En la tarde Fuimos con dos parejas a hacer un tour maravilloso, conocimos Cabo Blanco, El Nuro, el buceo fue alucinante, las plataformas petroleras y el fondo marino son de verdad maravillosas una muy buena experiencia, hicimos snorkel con las tortugas, vivimos de cerca las labores de pesca artesanal, compramos en el mercado de Los Órganos, y terminamos en Claro de Luna, un lugar de encanto a orillas del mar, donde gozamos de la playa, piscina, aprendimos a preparar pisco sour peruano, ver filetear el pescado fresco que compramos antes en el tour, preparar un ceviche y comer frente al mar, de verdad había una tranquilidad única, quería quedarme ahí para siempre.


Ya casi volviendo a Chile me topé con Perro Comeo de casualidad, una tienda que está en la avenida turística, con bastantes curiosidades y recuerdos para llevar a casa, aunque los mejores seguramente los llevare en mi mente.


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