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6 grandes mentiras del cine “pornográfico” y los efectos de consumir estas cintas para adultos

 

Las películas “porno”son y serán el ingrediente erótico perfecto de quienes gustan de una sexualidad plena, es por eso que a la hora de encender la pasión, muchas personas acceden a este antídoto como una forma de estimular su alicaída vida íntima.

 

Y no es por nada, pero a la hora de poner una cinta de estas características te das cuenta que todo es perfecto, desde los cuerpos de sus protagonistas, las posturas a la hora de llegar al clímax, la duración del encuentro y hasta los fetiches utilizados llegan a ser excitantes al momento de mirarlos en la pantalla.

 

Razón por la que expertos en el área afirman que el cine para adultos en su gran mayoría se sostiene de escenas absurdas que superan a la realidad. Una especie de montaje cargado de finales felices, donde un hombre es capaz de satisfacer en un 100% a su pareja y sus ganas de tener sexo resultan insaciables.

 

Asimismo, los rostros simulan placer desenfrenado, el sudor muchas veces hace que las personas se vean más sensuales y los cuerpos trabajados de los protagonistas se mueven con una habilidad acrobática fuera de lo normal, haciendo que ambos actores lleguen al clímax máximo y experimenten más de un orgasmo al momento de la penetración.

 

Algo que en la realidad no es tan así, ya que fuera de la pantalla el sexo se vive de una forma muy diferente, y a puertas cerradas cada pareja tiene sus complicaciones al momento de llegar al encuentro erótico. Motivo por el que el portal de noticias argentino Entre Mujeres en conjunto con un grupo de expertos en el área, creó un listado con las 6 mentiras que se presentan de forma recurrente en el “Cine XXX” y los efectos que tales engaños generan en quienes consumen este tipo de cintas.

 

Mentiras:

 

1- En el 100% de las películas la medida del pene de todos los hombres es de gran tamaño. Sin embargo, en el mundo real las proporciones varían y el número de dotados se contradice un poco con lo expuesto en estos filmes.

 

2-  En el cine porno los hombres se saltan el preámbulo y van directo al grano. Sin embargo, en la vida real hay quienes se quejan constantemente de la frialdad presente en su pareja y de la falta de amor a la hora de los encuentros.

 

 

3- Los personajes practican diferentes posturas sexuales tal como si fueran expertos contorsionistas y lo hacen en una piscina, dentro del jacuzzi, en una hamaca, encima de un escritorio o simplemente sobre una silla de playa. Aquello es muy diferente a lo que sucede en el mundo real, donde aquella flexibilidad y osadía es practicada solo por una minoría experta.

 

 

4-  El sexo rudo y violento, ese que incluye nalgadas, pellizcos y movimientos bruscos es el  preferido de todo el mundo. No obstante, en la realidad un gran número de personas prefiere el sexo más delicado, donde haya un trato cuidadoso y de cariño.

 

5- El hombre eyacula una cantidad abundante de semen, pasando por alto que “no es la media normal para la población, ya que la cantidad habitual eyaculada es de 1.5 a 4 ml”, es lo que señaló al sitio argentino el urólogo y especialista en sexo Fabián Gómez.

 

Asimismo, tras eyacular  el macho queda con las mismas ganas presentes al principio de la cinta, mostrándolo preparado para un segundo o tercer encuentro. Al parecer el cansancio solo pasa en la vida real, pues el porno nos muestra que no hay agotamiento, ni siquiera una gota de sudor tras haber estado en promedio 45 minutos intimando con la pareja.

 

6- Si encuentras a tu pareja en pleno acto sexual con otra persona, te sumas para un desatado momento de pasión. En la vida real es muy probable que eso no ocurra, ya que lo más lógico según cuenta Fabián Gómez es que la relación sufra un quiebre a que se haga un trío sexual.

 

 

 

Sin embargo, tales montajes presentes en el cine para adultos solo llegan a desvirtuar la forma en como se ve y practica el sexo a diario, razón por la que Paulina Valenzuela, psicóloga y terapeuta de parejas, declara que el porno altera la forma en como percibimos el sexo y como nos relacionamos en la intimidad.

 

Por eso, a continuación detalla tres efectos negativos por los que pasan las personas que consumen pornografía de forma constante y que puede repercutir seriamente en sus encuentros:

 

 

- Ver pornografía distorsiona la realidad:

 

Con el cine para adultos, la actitud que tenemos a la hora de tener sexo se ha pervertido completamente, dejando de lado la intención de procrear o demostrar amor hacia el otro, sino que con este tipo de cintas lo único que se privilegia es el placer y el estimulo personal.

 

Tal confusión es el resultado de una nueva cultura sexual, donde se enaltece al sexo a la cúspide y se le otorga un valor supremo: una manera equivocada de confundir a las personas y hacerles creer que el sexo es solo erotismo.

 

- Mirar películas para adultos te convierte en un esclavo sexual

 

Consumir este tipo de cintas hace que las personas pierdan el control de si mismos, bloqueando en parte su forma de relacionarse con los demás y limitándolos significativamente a la hora de optar por un compromiso estable. 

 

- El porno crea un modelo aspiracional al momento de tener encuentros  íntimos

 

Cuando las escenas son tan “hot” y  los cuerpos perfectos de los personajes comienzan a ejercer demasiado peso sobre nuestro mapa referencial, entonces comenzamos a auto-percibirnos o a aspirar a tener un sexo similar a eso que estamos viendo. Algo que aparte de ser inalcanzable (y seguramente indeseable) confunde nuestra sexualidad real y solo genera frustración en nosotros por no lograr dar con ese modelo y goce que tanto admiramos en las cintas eróticas.

 

 

Por estas tres razones es que la experta afirma que consumir porno de forma desequilibrada solo trae graves consecuencias en las personas, produciendo adicción y frustración recurrente en gran parte de los consumidores. Asimismo, la distorsión de la realidad y el querer satisfacer en todo momento su instinto es otro de los grandes problemas de quienes miran periódicamente estos filmes.

 

“Por lo que, hay que saber dosificar la cuota que se ve de pornografía, ya que en su justa medida resulta incluso en un buen remedio ante una alicaída relación de pareja, pues compartir de este tipo de escenas muchas veces es un método para experimentar nuevas sensaciones, juegos y preferencias en la intimidad”, concluyó la terapeuta.

 

 

 

 

 

 

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