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@2016 Patricio Junemann

El 7 de Septiembre es nuestro aniversario...

 

Ana, José y Nacho estuvieron en mi infancia desde los primeros momentos. Viviendo en Estados Unidos estaba bombardeado de música anglo, así que era una limpieza de paladar cuando mi viejo ponía algo de música en español. Hasta hoy me cuesta entender su contradicción musical, la dicotomía entre su discurso y sus gustos. Homofóbico de derecha extrema, amaba los musicales, conocía todas las cantantas y sus grupos favoritos eran Quilapayún, Queen y Mecano. Y sabes que eres fanático cuando guardas las copias originales de los discos como hueso de santo y llevas cassettes pirateados para poner en el auto y en la pega.
Padre mío, nunca entendí tu gusto por esta banda de raritos como le decían en la época. Sus letras eran complicadas pero el mensaje era claro y fuerte. Quizás en el "Mujer contra Mujer" y en "El Fallo Positivo" me estabas preparando para lo que socialmente iba a tener que enfrentar.

Y aunque la historia se acabó...

Ese día fue mágico. Era la primera vez que alguien a quien encontraba guapo me escribía de vuelta y aceptaba salir en una cita conmigo. Fuimos por chelas a Lastarria y después de unos besos furtivos volvimos a tu departamento en Bellas Artes. Entre piscola y piscola me comentaste que tu grupo favorito era Mecano. Me esperaba algo anglo, común entre gays de nuestra edad, algo más vacío y sin sentido. Supe que estaba en la presencia de alguien especial. Al final de la velada sonó "El 7 de Septiembre" y eternamente uní esa canción a ti.
Mi inmadurez hizo que perdieras la confianza en mí y nuestra relación no duró mucho. Durante años me cuestioné si había perdido a la única persona verdaderamente especial que podría conocer. Los 7 de Septiembre te di jugo varias veces, hasta que me pediste que lo dejara de hacer porque ya estabas hace años emparejado y yo tenía que superarlo. Hoy, que estoy feliz al lado del amor de mi vida, entiendo lo nocivo que es aferrarse a una historia que ya acabó.

Hay llamas que ni con el mar...

Las fiestas de año nuevo en tu casa eran ya una tradición. Tus vecinos eran viejos y sordos, no podías estar en una ubicación más céntrica y la vista de la torre Entel era fantástica para ver los fuegos. Pasaron muchos años antes de que pudiera ir porque siempre me tocaba trabajar ese día, hasta que un año finalmente pude ir. Los fuegos los recibimos con "Un Año Más".
De la fiesta en sí no recuerdo mucho, no porque fuera poco importante o porque hubiera mucho alcohol. Siempre lo pasamos bien cuando carreteábamos en tu casa, como si no hubiera un mañana. Lo que cambió fue mientras amanecía, cuando quedamos tú y yo sentados solos en el sofá. Pusimos (pusiste?) el Aidalai, sin duda el disco más completo y complejo de la banda. Lo cantamos, lo bailamos y lo lloramos de principio a fin y se convirtió en nuestra nueva tradición de año nuevo.
Siempre me has comentado lo parecidos que somos o éramos, que por eso nos llevamos tan bien. Será quizás que ves en mí ese tú del pasado, que lo pasaba bien y se equivocaba tal cual como lo hago yo en el presente. Eres de las pocas personas en el mundo en quien puedo confiar y que sé que no me juzgará prematuramente, sino que desde la experiencia y ese conocimiento intrínseco me guiará por buen camino, y lo sigues haciendo hasta hoy.

Hay algo vivo en este amor...

Ya no me recuerdo por qué peleamos ese día. Lo que sí recuerdo es esa necesidad imperiosa de salir, de sentir el aire frío en mi cara y de andar solo, lo que pensaba erróneamente era lo que necesitaba. Siempre fui un callejero porque no hay mejor manera de desentrañar las verdades de una ciudad que a pie. Me pasó en París, cuando por la madrugada y perdido descubrí el secreto de la forma de tus calles y comunas y nunca más me amedrentaste. Me pasaba en Santiago, donde conocía hasta el último tugurio para seguir la fiesta viva no importando la hora. Y me pasó en Ciudad de México esa noche, cuando caminando solo me di cuenta que es una ciudad amenazante pero no siempre violenta.
Me metí instintivamente a un bar y pedí una cerveza. Estaba vacío y sonaba un mix en español, con la base bailable de cuatro cuartos pegada, agregándole a lo triste y solitario de la situación. De la nada cambiamos lo mexicano por lo español, "La Fuerza del Destino". Nunca le había puesto mucha atención a la canción, pero la frase final resonó en mí como si la estuviera interpretando una sinfónica. Llorando pagué la cuenta y volví corriendo a casa. No importa cuantas discusiones tengamos ni los problemas que enfrentemos. Te amo por siempre, ya no quiero andar más solo, porque como decía la canción, quiero estar junto a ti.

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