La relación más tortuosa que tenemos hoy.


Levante la mano quien tiene o ha tenido Grindr. Asumo que muchos levantaron la mano. En lo personal yo he tenido, y he dejado de tener, y he vuelvo a tener, y he dejado de tener, y así en un ciclo sin fin, que nos mueve a todos —Si, estuve viendo el Rey León—.


No me mal entiendan, me encanta la relación que tenemos, nos amamos, nos odiamos, nos peleamos, nos reconciliamos y al final lo único que sé con certeza, es que más temprano que tarde volveré a caer en sus redes. Algo así como un ex, ahora, entre Grindr y mi ex, la verdad es que prefiero al primero. No porque sea la Soraya Montenegro de los ex, sino porque después de tantas idas y venidas uno se empieza a preguntar: ¿No será bueno dejar esto para siempre? Por eso, el entrar a la app me trae un gran sentimiento de deja vú. Y meterse es adverso porque el juego es sin llorar.


Si tienes cualquier porción de alma, por mínima que sea para ofrecer, este es un lugar complejo, es la versión pobre y -aún más- homosexual de la farándula chilena, donde si no sabes jugar el juego puede ser mortal. En mi caso, comencé usándolo con la ilusa idea de que yo valía un poco más que un cuerpo y un rol sexual, y me equivoqué. Por eso —para que usted no se equivoque— esta columna es para usted, neo-gay desprevenido que no ha usado éstas maravillas de la tecnología y que cree que puede encontrar algo más, lea atentamente, saque el lápiz Faber-Castell Nº2 y anote.


Pero recuerda que no todo lo que brilla es oro, así que si estando ahí usted ve un hombre que se ve más o menos guapo y que en su perfil tiene descripciones muy estrictas de lo que quiere, déjelo ir, créame que es un pelotudo —y seguramente yo me lo comí—. Si usted ve a un hombre deseable, regio, estupendo, abdominales tan duros que son capaces de rallar parmesano, pero que no se le ve la cara, déjelo ir, probablemente tenga una grave deficiencia de litio. Ahora, si usted ve a un niño que se ve normal, da la información precisa, es amable y atento, también déjelo ir, es un pelotudo —aunque no se le note— y usted terminará enredado en alguna vulgar treta, porque finalmente, para lo que sirve es simplemente: entretención para Adultos. Pero entonces, ¿a quién debe hablarle?, ¿cómo juego esto sin salir trasquilado?, simple mi amigo, háblale a todos pero a nadie, sea usted mismo pero diferente, sea firme pero no. Al final da lo mismo, ya que sin importar cuan buenos seamos en la vida real, cuando ponemos nuestra foto en la aplicación nos investimos de tontera y nos volvemos igual que el resto. Así que opte por lo sano: si le hablan bien, si no bien; si sale bien, si no bien; si le salió “encuentro” bien, si no bien; si estuvo bueno bien, si no… será para la otra. Porque la única forma de jugar es vestirse con un traje de látex de pelotudo, donde vas por lo que quieres sin preocupaciones, sin atados y sin complicaciones.


Por eso, si quieres encontrar a alguien, que te quiera, que te acepte y que te valore como a un ser que respira y hace sinapsis, Grindr no es el lugar para ti, o quizá sí, pero por un rato nada más. Por mi parte, yo tengo el traje de pelotudo planchado en el closet por cualquier emergencia, ya que si bien no sé qué me depara el futuro, sé que volveré a usar ese traje, porque no he podido escapar de la relación más tortuosa, enfermiza y sensual que he tenido.

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