Game of Thrones y el Síndrome de Estocolmo


Con casi seis temporadas terminadas, Juego de Tronos (Game of Thrones) es una serie que sin importar si eres grande o pequeño, seguro te tiene enganchado, ilusionado pero sobre todo, estresado. Y a menos de una semana del final de temporada y a pesar de sufrir al pensar ¿Qué haré el resto del año hasta que el próximo Abril se estrene la próxima temporada?, ¿Que haré sin ver los rizos engominados de Jon Snow?, ¿Resolveré finalmente mi relación de amor y odio con Cersei?, no podemos evitar sentir nada más que puro estrés. Porque, al igual que en una relación tortuosa de idas y venidas esta serie nos tiene así, agarrados de las partes más blandas.


Y si bien es posible que mi tendencia al masoquismo sentimental (probablemente la razón de mi vida amorosa constantemente fallida) sea la razón por la que estoy tan atado a esta serie, si puedo decir que la sensación al ver el capítulo de hoy “La batalla de los bastardos”, fue la de un pobre mundano sufriendo síndrome de Estocolmo, secuestrada por las crueles garras de esta serie que me hace sufrir de la forma más cruel pero luego me hace sentir una satisfacción que jamás creí posible lograr a través de la televisión. El capítulo de hoy me tuvo sin respiración, atrapado en una caja negra por casi treinta minutos, deseando un desdoblamiento inmediato de mi consciencia hacia un lugar donde no tuviera que lidiar con tanta angustia y sufrimiento (algo más al estilo de “My Little Pony: Friendship is Magic”). Luego de lo que pareció un interminable calvario por una guerra casi perdida y ver a un Jon Snow en un sucio pero sexy papel de guerrero amazónico (¿Sólo yo tuve esa impresión?), Juego de tronos nos brindó una migaja de alivio, un momento de descanso tan fugaz que si lo pienso bien no compensó todo el vía crucis vivido hasta el minuto, sin embargo era el momento que todos los fans esperábamos con ansias y lo recibimos con los brazos abiertos, pareciendo que todo lo que había pasado valió la pena y provocando una alegría que nos hacía hasta cuestionarnos que tipo de ser humano somos, al alegrarnos de sobremanera por la muerte de un personaje. O sea, Síndrome de Estocolmo televisivo.

Y nos guste o no la idea, el próximo capítulo promete ser tan devastador, estresante y gatillador de úlcera gástrica como los que han llegado hasta ahora. Lo que es yo, por mi parte ya me entregué, Juego de Tronos hazme lo que quieras, dame vuelta y vuelta, hazme sufrir por meses para que cuando me des una pizca de felicidad yo sienta que veo las estrellas, yo a ti sí te lo aguanto (al menos hasta que conozca al próximo).


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